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Viviendo “entre nubes” con nuestra información digital

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Viviendo “entre nubes” con nuestra información digital

Recuerdo estar en mis últimos años de universidad y mis primeras experiencias profesionales cuando comencé a escuchar este tema de “la nube”.

Desde pequeño siempre he estado rodeado de tecnología, mis papás se conocieron ya que mi papá trabajaba en el laboratorio de cómputo de un instituto y mi mamá era investigadora en ese mismo lugar. Por lo tanto, nací y crecí rodeado de computadoras, procesadores, memorias RAM, discos duros y software.

Fui testigo de cómo el almacenamiento fue creciendo de los 1.44MB que tenía un diskette de 3 1/2” a los 650 MB que podías “quemar” en un CD grabable. Me tocó acceder a los inicios del internet a través de una conexión 14400 bps en la que después de 1 hora o más de estar intentando bajar la canción de moda, escuchaba a mi abuelita gritar “¡Déjenme usar el teléfono!” y sabía que la conexión a internet se perdería y tendría que volver a empezar a descargar la canción de nuevo.

Vaya, la tecnología siempre ha sido parte de mí, pero aún así, el escuchar el término de “la nube” fue algo que me dejó desconcertado.

Algo que hoy en día es tan normal, hace 15 años era un escenario digno de las películas de ciencia ficción.

Los discos duros siempre han sido costosos y almacenar todo lo que uno puede descargar de internet (y más ahora con las velocidades de conexión que tenemos) se vuelve cada vez más complicado.

¡Imagínense hace 15 años! En ese entonces era impensable el poder guardar cosas en algo que no fuera un lugar físico en tu computadora. Sólo los más afortunados podían tener acceso a un servidor donde guardaban algunos archivos. Uno sabía exactamente dónde estaban esos archivos, pues el almacenamiento era algo que se podía ver y tocar.

En 2006, los gigantes tecnológicos comenzaron a impulsar lo que hoy conocemos como “cómputo en la nube”. Google, Amazon, Microsoft y Alibaba entendieron muy bien hacia dónde iba lo que el mundo necesitaría y tenían los bolsillos lo suficientemente profundos como para hacer las inversiones necesarias para lograr el desarrollo de las tecnologías que hoy gozamos.

Los primeros pasos de esta nueva forma de almacenar datos

Mi primer contacto real con “la nube” fue Dropbox. Este servicio, bastante popular hoy en día, se lanzó en 2008. Yo, seguramente, lo empecé a usar muy cerca de esa fecha o un par de años después. ¿Cómo llegué a él? La verdad, no lo recuerdo. Lo que sí recuerdo es la grandiosa estrategia que implementaron para hacerse de usuarios: “Descarga Dropbox, invita a alguien más a usarlo y les regalamos a los dos 500 MB de almacenamiento”.

Como recordarán, por esas fechas el tener discos duros de 100 GB era algo sumamente costoso. Por lo que, de repente pensar que una empresa te estaba regalando 500 MB y que además podías invitar a alguien más a obtener ese mismo beneficio, era para mí una locura que no podía dejar pasar. Así pues, invité a cuantos amigos y familiares pude hasta que Dropbox me dijo “Ya, detente”, pero logré juntar 12 GB de espacio en la nube, algo que aún sigo utilizando el día de hoy.

Al poco tiempo, surgió Google Drive con una estrategia similar, pero este buscaba impulsar su G Suite (en sus primeras versiones). Como arranque, te regalaban 1 GB con sólo abrir tu cuenta y, lo más interesante, era que ese GB ¡iba creciendo con el tiempo! ¿Qué otra señal querías esperar que indicara todo iba hacia ese tipo de almacenamiento?. Después, Apple también se sumó con iCloud y pues, a partir de ese momento, ya no había vuelta atrás.

La existencia de esos monstruos me hizo darme cuenta de que las cosas iban en esa dirección. Es más, no iban, ya estaban ahí.

Conociendo este mundo muy de cerca

En 2015 tuve la oportunidad de viajar a Redmond, Washington, específicamente al campus de Microsoft donde quedé maravillado mientras nos explicaban la cantidad de infraestructura que tenían montada para ofrecer todo lo relativo a cloud computing: servidores y enormes centros de cómputo en diversas partes del mundo para satisfacer las necesidades de empresas y usuarios de todos lados.

Conexiones a velocidades inimaginables, nuevos servicios siendo creados día tras día, empresas colaborando para impulsar esta tecnología cada vez más lejos. En definitiva, fue una experiencia inolvidable.

Aquí, en México, pude visitar INFOTEC en Aguascalientes, un centro de investigación del CONACYT enfocado en servicios de IT con una infraestructura digna de cualquier centro de datos en el mundo. Tenía enormes cuartos llenos de UPS (o No-break como se conocen tradicionalmente) para asegurar la continuidad del servicio eléctrico, espacios dedicados a instalar racks que, de hecho, estaban siendo ocupados en ese momento por los servidores de algunas de las empresas más grandes e importantes del mundo, incluso, espacios dedicados a sistemas anti incendios que eran en verdad impresionantes debido a su gran tamaño y capacidad.

Los laboratorios de diseño de tecnología aplicada y los investigadores que se encontraban ahí hicieron darme cuenta del valor que tiene un lugar así para la infraestructura tecnológica y de investigación de nuestro país y cómo México también es parte de esa nube, no sólo aportando usuarios, sino también como prestador y facilitador de servicios.

Hoy en día es posible incluso traer tu información médica en tu teléfono de forma segura y práctica con TEEB.

La nube en nuestra vida cotidiana

Hoy en día, vemos a nuestros padres enviando las fotos de sus nietos o de sus mascotas a los grupos de WhatsApp de la familia y a las tías enviando la más reciente colección de Piolines con mensajes de buenos días.

Las parejas crean y almacenan álbumes de fotos compartidos en Google Drive o algún otro servicio. Nuestras colecciones musicales dejaron de ser discos físicos o archivos en nuestra computadora para volverse “links” dentro de una aplicación de streaming. De la misma manera, el cine y nuestro entretenimiento audiovisual se convirtió paulatinamente en algo al que puedes acceder desde la sala de tu casa a través de tu tele.

Hoy podemos solicitar servicios de alimentos a sitios de comida que nunca hemos visitado, tenemos la posibilidad de colaborar en equipo aún estando en ciudades diferentes, incluso, puedes llegar a tener tu información médica en la palma de tu mano y a sólo un click de distancia.

Todo esto, gracias a la nube.

Cada día nuestra vida se interconecta más y, poco a poco, el internet se va convirtiendo en ese servicio del que gozamos todos los días y que, el día que nos falla, nos sentimos completamente desconectados y en la edad de piedra.

Aún no sabemos qué locuras nos deparan y hacia dónde nos dirigimos, más aún en estos tiempos difíciles de pandemia de COVID-19. Lo que sí es cierto es que debemos aprovechar estas tecnologías, sacarles el máximo provecho posible y estar a la expectativa de lo que venga para aprovechar las oportunidades, pues ahora sabes que cuando nuevas tecnologías surgen, habrá quienes estén interesados en que las utilices.

Uno nunca sabe cuándo te puedes ganar unos cuantos GB gratis.

Jorge Ham Tamayo

Director Comercial

TEEB Health

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