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Uso racional de antibióticos

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Uso racional de antibióticos

“Mil millones de muertes hicieron al hombre acreedor a su inmunidad, al derecho a sobrevivir entre los infinitos organismos de este planeta. Y ese derecho es nuestro ante todo adversario, pues el hombre no vive, ni muere en vano…”

Guerra de los Mundos, H.G. Wells.

Los antibióticos (del griego anti– “contra, opuesto a, opuesto de” y biotikos– “perteneciente a la vida”) son sustancias químicas que tienen la capacidad de eliminar bacterias (bactericidas) o inhibir el crecimiento bacteriano (bacteriostáticos). Fueron “inventados” paradójicamente por las mismas bacterias y su existencia es tan antigua como la de estos microorganismos, que data de hace más de 2.500 millones de años.

El uso de los antibióticos, por los seres humanos, se ha documentado a lo largo de la historia. Durante la era “pre-antibiótica” distintas civilizaciones utilizaban remedios que contenían sustancias antisépticas y antibióticas para tratar diversas enfermedades, como lo hacían los antiguos egipcios con preparados de moho o extractos de plantas. Otro ejemplo es la medicina tradicional China con el uso de plantas y herbolaria. Sin embargo, la era antibiótica como la conocemos inicia durante el siglo XX, cuando en 1928 Alexander Fleming descubre por serendipia la penicilina, un antibiótico derivado del hongo Penicillium notatum. Posteriormente, en 1931 Gerhard Domagk descubre el Prontosil rubrum, un antibiótico de tipo sulfamida, que se emplea por primera vez en contra de una entidad clínica infecciosa de forma segura y exitosa. Y no es hasta los años 40 que Selman Waksman (bioquímico y microbiólogo estadounidense) nombra y promueve a estas sustancias con el término antibióticos

Es importante diferenciar el concepto resistencia antibiótica del de resistencia antimicrobiana. El primero, hace alusión a la resistencia bacteriana, tema que se abordará en este texto. El segundo, resistencia antimicrobiana, hace referencia a la resistencia tanto de bacterias, como de parásitos, hongos y virus. 

La resistencia antibiótica se define como la capacidad que tienen las bacterias para evadir el efecto de un antibiótico. Ésta puede ser mediante mecanismos físicos o moleculares y es una propiedad que puede ser tanto intrínseca como adquirida por estos microorganismos. Este mecanismo de supervivencia ha existido en forma paralela a la evolución de las bacterias. Esto se demostró en 2011, en las cuevas de Carlsbad, Nuevo México donde se aislaron bacterias que datan de hace 4 a 7 millones de años y que nunca estuvieron en contacto con los seres humanos. Uno de los hallazgos de este estudio fue que estas bacterias expresaban resistencia a antibióticos naturales, a pesar de que no habían estado en contacto con ellos, incluso se encontró resistencia a antibióticos sintéticos desarrollados después de la era pre-antibiótica como el linezolid o la daptomicina.

En su momento, la penicilina fue considerada una “bala mágica”, por su capacidad de curar enfermedades infecciosas en los seres humanos sin observarse los efectos adversos antes vistos con químicos que se utilizaban como tratamientos, como fue el caso del uso del mercurio para tratar la sífilis (una enfermedad de transmisión sexual causada por la bacteria Treponema pallidum). No obstante, el uso indiscriminado de antibióticos ha acelerado la resistencia antibiótica como se demostró en nuestro país en la década de los años 70 con el uso de cloranfenicol para tratar la fiebre tifoidea, enfermedad que causa fiebre y síntomas gastrointestinales causada por la bacteria Salmonella typhi, adquirida al consumir alimentos y agua contaminada.

La pandemia que vivimos actualmente, por el virus denominado síndrome respiratorio agudo severo coronavirus 2 (SARS-CoV-2), representa una enfermedad emergente de interés mundial, declarada como pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en marzo de 2020. Se estima que, para este año -2021-, 115 millones de personas pasaron a un estado de pobreza extrema como consecuencia económica de la pandemia de COVID-19. ¿Qué otro problema acompaña a la pandemia? … la resistencia antibiótica. Así es, se prevé que la resistencia antibiótica aumentará considerablemente por el abuso de antibióticos durante este último año y medio.

La pobreza tiene dos vertientes en relación con la salud pública: por un lado, las condiciones insalubres donde no se tiene acceso a agua potable, alimentos nutritivos y condiciones de higiene básicas y, por el otro lado, esta población está fuera de la cobertura de los institutos de seguridad social y con falta de acceso a una atención médica básica, lo que los mantiene aún más vulnerables a las enfermedades infecciosas.

La resistencia antibiótica es una amenaza de la salud pública y se encuentra dentro de las 10 principales preocupaciones en la agenda de la OMS. Actualmente, contamos con 43 antibióticos en fase de desarrollo clínico que van dirigidos contra agentes infecciosos que generan una variedad de enfermedades de elevada morbi-mortalidad, de los cuales sólo 15 de estos antibióticos en desarrollo tienen el potencial de tratar estos patógenos.

El uso de antibióticos sin indicación médica, tanto en el caso de la automedicación como en la prescripción de un antibiótico sin justificación médica, puede generar una falsa expectativa de seguridad. Sin embargo, es imprescindible concientizar y educar tanto al público en general como al gremio médico en relación con el uso de este tipo de medicamentos. Es importante tomar medidas estrictas tanto fuera como dentro de los hospitales para evitar el sobre uso y sobre exposición a antibióticos.

La selección natural bacteriana se da día con día y por ende la resistencia antibiótica se genera constantemente, ya que ésta se da inevitablemente con o sin el uso de antibióticos por medio de presión natural, como el caso de las bacterias de las cuevas de Carlsbad en Nuevo México. Sin embargo, el uso adecuado y racional de antibióticos de acuerdo con las distintas guías y directrices científicas que existen para la aplicación clínica, así como la atención de necesidades básicas en la población y el acceso a los servicios de salud, disminuye la vertiente de la resistencia antibiótica. 

La resistencia antibiótica es un marcador no sólo del mal uso de los antibióticos, sino un marcador de desigualdad y de pobreza poblacional. Acelerar o no este proceso natural que se dará invariablemente, depende de la educación (de pacientes y médicos) y de la atención de otros temas socio-económicos relacionados con la salud pública.

El cambio de paradigmas debe ser no sólo de manera individual, sino a nivel del sistema nacional e internacional de salud, ya que debería de ser mayor nuestro temor a pasar a una era sin antibióticos efectivos y lo que esto implica en la salud de cada uno de nosotros y en términos económicos tanto a nivel personal, como mundial.

 

Dr. Santiago Montiel Romero

Médico internista

 

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Fuentes de consulta y lecturas recomendadas:

  • Bhullar K, Waglechner N, Pawlowski A, et al. (2012). Antibiotic resistance is prevalent in an isolated cave microbiome. PLOS One. 2012;7(4):e34953. doi: 10.1371/journal.pone.0034953.
  • Skandalis N, Maeusli M, Papafotis D, et al. (2021). Environmental Spread of Antibiotic Resistance. Antibiotics (Basel). 2021 May 27;10(6):640. doi: 10.3390/antibiotics10060640.
  • Spellberg, B. (2016). Antibiotics: 5 Myths Debunked. Medscape. Disponible en: https://www.medscape.com/viewarticle/870145
  • The Pew Charitable Trusts. (2021). The critical need for new antibiotics. Disponible en:   https://www.pewtrusts.org/en/research-and-analysis/data-visualizations/2016/the-critical-need-for-new-antibiotics.
  • World Health Organization. (2020). Antibiotic resistance. WHO.Int. Disponible en: https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/antibiotic-resistance.

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