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El riesgo de las conductas suicidas y su prevención

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El riesgo de las conductas suicidas y su prevención

Durkheim (2004), en su obra “El Suicidio”, definió este como: “todo caso de muerte que resulte, directa o indirectamente, de un acto, positivo o negativo, realizado por la víctima misma, sabiendo ella que debía producir este resultado”. 

En relación con el intento suicida o el suicidio propiamente, las estadísticas muestran que es una de las principales causas de muerte en los jóvenes y que, desafortunadamente, esta cifra continúa aumentando. Actualmente se estima que el suicidio es una de las primeras diez causas de muerte en todos los países y se encuentra entre las tres primeras causas de muerte en la población de entre 15 a 35 años de edad. 

Asimismo, la OMS (2020) menciona que en el año 2000 hasta un millón de suicidios ocurriría año con año, calculándose uno cada 40 segundos, y habría de 10 a 20 intentos de suicidio por cada uno consumado (un intento cada tres segundos). 

  • En 2018, del total de fallecimientos ocurridos en el país, 6 710 fueron por lesiones auto infligidas. Esto representa una tasa de suicidio de 5.4 por cada 100 mil habitantes.
  • De esos fallecimientos por lesiones autoinfligidas, los hombres tienen una tasa de 8.9 fallecimientos por cada 100 mil hombres, mientras que para las mujeres esta tasa es de 2 fallecimientos por cada 100 mil mujeres. Es decir, fallecen cuatro veces más hombres que mujeres a causa de lesiones autoinfligidas.
  • En el grupo de niñas, niños y adolescentes de 10 a 17 años ocurrieron 641 fallecimientos por lesiones autoinfligidas, ocupando el cuarto lugar dentro del total de causas de muerte en este grupo de edad..
  • Las muertes por lesiones autoinfligidas se concentran en el grupo de 30 a 59 años con 46%; le sigue el grupo de jóvenes de 18 a 29 años con 34%, y las niñas, niños y adolescentes de 10 a 17 años con 10 por ciento.

Para 2018, del total de fallecimientos ocurridos en el país (705 149), 6 710 fueron por lesiones autoinfligidas, lo que representa una tasa de suicidio de 5.4 por cada 100 mil habitantes. En 2017, ésta se encontró en 5.2 por cada 100 mil habitantes. Prevalecen los casos en hombres, quienes tienen una tasa de 8.9 fallecimientos por cada 100 mil hombres (5 454), mientras que esta situación se da en 2 de cada 100 mil mujeres. (INEGI, 2020)

Hablemos de la conducta suicida como un problema de salud mental y un problema grave e importante de salud pública, considerando que esta cuestión tiene una gran posibilidad de ser prevenible. Requerimos quitarnos mitos, tabúes y creencias que limitan la atención integral de dicha conducta: no sólo pensar que la gente que intenta suicidarse está “intentando llamar la atención” o que sólo se intenta suicidar “la gente que padece trastornos mentales”. Necesitamos proporcionar atención primaria psicoeducativa para poder lidiar con temas que “incomodan” pero que salvan vidas, pues recordemos que la prevalencia de los intentos es de 10 a 50 veces más numerosa que el “logro” de suicidio. Estudios de seguimiento en adolescentes que han realizado un intento de suicidio muestran que el 10% logra suicidarse dentro de los 10 años siguientes (Larraguibel et al, 2005).

Factores de riesgo y factores protectores

Entre los factores de riesgo se encuentran las barreras de acceso a la atención de salud, las catástrofes, las guerras, la violencia y los intentos de suicidio anteriores. Estos factores suelen actuar de forma acumulativa, aumentando la vulnerabilidad de la persona y propiciando la conducta suicida. Aunque la relación entre el suicidio y los trastornos mentales está bien definida, muchos suicidios también pueden producirse de forma impulsiva en momentos de crisis de personas que no padecen de algún trastorno mental previo. 

Algunos factores de protección (es decir, los que disminuyen el riesgo de conductas suicidas) son las relaciones personales sólidas (contar con relaciones de confianza y apoyo de otras personas), las creencias religiosas o espirituales (ya que proporcionan esperanza y sentido de vida) y las estrategias de afrontamiento y prácticas de bienestar positivas (cambio de hábitos, nuevos aprendizajes, atención con expertos en salud mental) lo cual genera mayor resiliencia. 

 

¿Qué hacer en caso de sospechar de estas conductas?

Hay que preguntar abiertamente lo que observamos: ¿estás pensando en hacerte daño? ¿estás pensando en suicidarte? Dejemos que se expresen y mantengamos en un lugar lo más seguro posible a la persona, alejada de objetos con los que se pudiera hacer daño. Es importante aclarar que este tipo de preguntas NO les implantará la idea de hacerlo, sino que abrirá un espacio para el diálogo y posibilidad de que esta persona solicite ayuda.

Escuchemos activamente con empatía y sin juicios ni debates sobre la vida, seamos el nexo que le ayuda a la persona a darse cuenta que no está sola, que cuenta con apoyo y que puede llegar a pedir ayuda de alguien más especializado. Tengamos información sobre la atención a este tipo de problemáticas y mantengamos contacto con la persona para darle seguimiento, en medida de lo posible.

Al personal de la salud, nos corresponde capacitarnos para la detección y manejo de las conductas autodestructivas y suicidas, así como aprender a generar nuevos enfoques de atención médica hacia dichas problemáticas y ser los propulsores a romper estigmas sobre este tipo de conducta y su afectación a la salud mental y pública.

Como ciudadanos, además de ser conscientes de la existencia de este problema, debemos saber cómo es que nosotros contribuimos al problema, si estamos dispuestos o no a ayudar a estas personas, cómo vamos a ser capaces de hacer conexiones con ellos y si en verdad observamos y escuchamos a la gente que está a nuestro alrededor y estamos atentos a lo que ocurre o si simplemente damos por hecho la vida y el bienestar de los demás.  

¡Abramos los ojos y extendamos la mano!

 

ALENKA RUIZ TOVAR

Psicóloga y Psicoterapeuta

 

 

Fuentes:

Durkheim, E. (2004). El suicidio. México: Grupo editorial Tomo.

Instituto Nacional de Estadística e Informática, INEGI (2020). Serie boletín de estadísticas continuas, demográficas y sociales. Estadísticas de suicidio e intentos de suicidio. México: INEGI.

Larraguibel, Q. M., González, M. P., Martínez, n. V., & Valenzuela G. R. (2005). Factores de riesgo de la conducta suicida en niños y adolescentes. Sociedad chilena de pediatría. v.71 n.3 Santiago mayo 2000. http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41062000000300002

Organización mundial de la salud, OMS (2020). Un reporte sobre la salud [Internet]. Organización Mundial de la Salud. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/suicide

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